Tres estrategias de venta directa que aprendí con mis hijos

estrategias de venta directa

Éste es un post invitado de Elena López

Si quieres ser más eficaz con tus ventas, y mejorar tu relación “esfuerzo-resultado”, no te pierdas estas conclusiones que te he traído desde el máster de relaciones comerciales más completo que te puedas imaginar: seis años de maternidad.

Hoy te traigo 3 estrategias de venta directa que he comprobado que funcionan una y otra vez en mi propia plataforma digital

Las mejores estrategias de venta directa están a prueba de niños

#1 – El infinito poder del por qué

Los que tenemos hijos no podemos evitar que se nos ericen todos los pelos del cuerpo al recordar la “etapa de los por qués”. Si has sobrevivido a él, enhorabuena. Recordarás entonces cómo un por qué tras otro exprime todo lo que sabes (y lo que no) sobre el tema del momento. Te deja sin excusas, te obliga a mostrar todo tu conocimiento, te replanteas tus creencias incluso.

¿Por qué no usar todo su poder para mejorar tu producto?

Si tu (potencial) cliente no se enamora tanto como lo estás tú de tu propuesta, no dudes en preguntarle por qué. Pero no te quedes con el primero, sigue hasta que estés satisfecho con su respuesta. Quizás no puedas “salvar” esa venta, pero habrás recabado una información muy valiosa.

Te contaré un secreto, mi hijo mayor, cuando ya le había quedado claro por qué el cielo es azul, ampliaba su interrogatorio a “para qué el cielo es azul” y a “qué pasaría si el cielo fuera de otro color”.

#2 – Guarda el caramelo para después de las lentejas

Vas a la compra y tu pequeño que se aferra con determinación al chupachups que le acaba de dar el pescadero. Como madre preocupada por su alimentación y su salud bucal, debes convencerle de que lo reserve para después de las lentejas, no sea que “se le quiten las ganas”.

Hasta que no te encuentras en esta situación, o una similar, no sabes lo que es una venta difícil. Has de poner en marcha toda tu capacidad de seducción para conseguir tu objetivo final: vender tu producto por muy dulce que parezca el de la competencia.

Y ¿por qué?

Porque sabes que tu producto es mejor, de más calidad. Si no pensaras que es estupendo, no lo habrías “cocinado” y no lo estarías vendiendo.

Y para ello, la presentación es indispensable.

Un buen producto no es suficiente en la mayoría de los casos, la clave está en cómo lo presentas. Así que no dudes en invertir recursos en que el “empaquetado” de tu oferta esté a la altura. O se comerá irremediablemente el chupachups. Y, con un poco de mala suerte, te tocará pagar, además, al dentista.

#3 – Sinceridad ante todo

Tus hijos huelen cuándo les mientes. Tienen ese sexto sentido, esa interpretación natural del lenguaje corporal, esa alucinante memoria que les hace recordar que hace tres días les dijiste otra cosa. Si les mientes, terminarán por pillarte.

Con los clientes, pasa igual. Puede que “cuele” una mentira o excusa, pero tarde o temprano te pillarán, porque es imposible recordar todo lo que has dicho en cada momento. No hace falta que confieses tu realidad, pero asegúrate de que lo que dices, es verdad.

Y debes pensar bien lo que dices. Cuando surge una situación imprevista – ese cliente que te envía una queja o tu hijo vaciando los rollos de papel higiénico en la taza del váter-, el resultado será completamente diferente dependiendo de cómo decidas interpretarlo.

Tus reacciones serán diferentes y también tu estado de ánimo frente al imprevisto.

Puedes pensar que tu hijo quiere guarrear y fastidiarte o bien que está practicando y aprendiendo el funcionamiento de las cosas. Puedes pensar de tu cliente que no tiene nada mejor que hacer que criticarte o bien que quiere seguir siendo tu cliente y por eso te indica lo que no le gusta.

La segunda opción siempre va a sacar lo mejor de ti. Y eso garantizará relaciones sanas y enriquecedoras a través del tiempo. No olvides que conseguir un cliente nuevo cuesta mucho más que mantenerlo.

Éstas son algunas lecciones que mis hijos me han enseñado y que utilizo cada vez más en todos los ámbitos de mi vida.

Y me funcionan muy bien. A ti, los niños de tu vida, ¿qué te han enseñado?

Acerca del autor de esta entrada,

Elena De Monitos y Risas

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Elena De Monitos y Risas

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